9 de abril de 2024.

Quizás el amor libre no tiene que ver con tener varios vínculos sexoafectivos, sino con crear un vínculo lo suficientemente amplio como para contener el deseo y la necesidad de cada uno junto al deseo y la necesidad del vínculo.

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Ejercicio de libertad: por primera vez no tengo certezas ni tampoco quiero tenerlas. Confío en lo que sucede y me entrego al flujo de la vida.

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La respuesta está en los sueños que miro como pinturas: mi mano ya no es sujetada, es besada.

 

 

29 de marzo de 2024.

Escribir es un acto espiritual.

Aún cuando todo esté oscuro, existirá la palabra.

Qué osadía lograr una escritura viva. Una escritura de equivocaciones, de preguntas; una escritura que nace para rebelarse ante sí misma.

Mi alegría secreta es estar presente en mi propio cuerpo. Es un instante, apenas, de conexión profunda que no se escribe, solo puede vivirse y ser vivido.

Escribir: momento en el que las propias lágrimas entran en contacto con los labios y una, entonces, puede saborearse a sí misma.

La escritura nunca es estática, es la vida continua sucediendo. Escribir no es la alegría profunda de hojas proyectadas sobre el suelo, es lo que viene después.

En la escritura encuentro una forma de adoración por el mundo.

Me gustaría dilucidar escribiendo cuál es la vibración de mí misma.

Escritura santificada: aquella que me acerca a mi versión más genuina.

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Cuando era niña íbamos a misa con mamá. Nunca imaginé que interrumpiría ese hábito por el de la escritura, que en un acto tan simple podría evocar a Dios a mi manera.

A veces escribo como buscando una luz, la imagen del Sagrado Corazón que aparece en sueños, alguna especie de deslumbramiento.

 

[ Sin fecha ]

Hay una pregunta: ¿cuál es el sonido de la vida en este momento?

Pájaros de la mañana, matecitos a la luz del día hasta agotar el agua, los ruidos singulares de Kaya cuando da vueltas en el suelo.

La realidad es una pregunta pero también su respuesta.

 

9 de marzo de 2024.

La noche cae igual que el presagio de lluvia. Solo el cielo sabe de lo que hablo. Escribo sola en un rincón de la casa, pero no estoy sola en su totalidad. Pequeño secreto el de estar recostada en este mundo que no es mío pero que, de alguna manera, estoy aprendiendo.

La canción que acercó las palabras a la orilla dice:
Licked my fingers
And I drove my car to the sea
My love in a car
We’re gonna go far
Deeper than any sea

Más profundo que cualquier mar es este comienzo, como empezar a escribir de cero, como esa primera vez frente a una máquina de escritura. En ese entonces no sabía que también sería una máquina de hacer llover.

La ventana revela intermitencias que son una metáfora de lo que irrumpe. ¿Será el amor entonces una forma de luz en medio de la oscuridad, una cicatriz radiante? ¿Será la escritura lo mismo?

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Estoy cruzando un río lúcido, extendés tu mano para que llegue al otro lado. Quién diría que el otoño traería esta continuación: días juntos atravesados por la lentitud, por el cuidado; signados por el copal, las plantas y el agua de rosas abriendo las mañanas.

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El pronóstico anuncia una lluvia intensa. La lluvia no cae en mis manos, surge de ellas.

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Besaste mis dedos, viajando a la novedad. El amor es movimiento. Vamos a ir lejos, más profundo que cualquier mar, que cualquier mar.

 

4 de marzo de 2024.

Aprendizajes recientes:

Que la inmediatez no mate al cuidado.

Que nada es perfecto (ni tiene por qué serlo).

Que soltar el control es recomendable para la salud.

Que en la quietud también hay vida.

Que la lentitud es hermosa
la lentitud es hermosa
la lentitud es hermosa.

En días de marea interna, buscar un faro: la escritura, la meditación, el silencio, un abrazo. Algo que salve. Algo que nos acerque a la paz.

 

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Anotaciones para un día de lluvia:

Sentir la voz del aire.

Entregarse al mar secreto que se anticipa en el cielo.

Llenar mis cavidades de ámbar recordando cómo sus ojos pasan del agua al fuego.

La vitalidad de lo extraño: la grisura del día, la textura viscosa de la verdura pasada, seguir marchando en dirección al mar, el cielo, o el anhelo.

Escuchar álbumes enteros sin temor a perder el tiempo.

La huella de lo invisible sobre lo visible: el aroma del pimentón sobre el aceite de oliva o cómo se seca la madera después de la lluvia.

Buscar el perfil de alguna cosa, inventarle alas.

Mirar documentales.

Renunciar a la ansiedad de quererlo todo.

Recibir el cuerpo cuando besa.

Alcanzar el instante, tocarlo.

Rendirse a la paz.

 

 

3 de marzo de 2024.

Hay un momento: en medio del desierto blanco, cuando estamos sobre los márgenes opuestos de la cama, extendés tu brazo para buscarme. Entiendo, entonces, el código secreto, lo que intentás decirme mientras divagás entre la realidad y el sueño. Nunca pensé que responder a ese llamado sería una canción que quiero escuchar todas las noches.

Hoy, cuando la distancia se volvió bruma y me envolviste en ternura una vez más, hice mi mejor esfuerzo por estar lo más presente posible. Fue así como aparecieron el color singular de tu piel en el cuarto oscuro, la suavidad de tu hombro salvándonos del abismo de la habitación y lo más precioso, el pulso de tu cuello haciéndote vivir sobre el perfil de mi cara.

Desperté sabiendo que esa canción, ese gesto, es una parte de un lenguaje y a la vez, la síntesis de nuestro idioma entero.

 

 

28 de febrero de 2024.

“Pero cuando estamos sentados cerca”, dijo Bernard, “tú y yo nos fundimos el uno en el otro gracias a las frases. Quedamos ribeteados de niebla. Formamos un territorio sin sustancia.”
LAS OLAS, Virginia Woolf

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¿Qué se hace con tanta ternura? Está lejos de ser un sentimiento prematuro. Parece venir de antes, cúmulos de años de sol y manos besadas, de libre expresión (en la palabra y la mirada). Y sin embargo es un lugar desconocido para mí, una ciudad de revelaciones.

¿Qué requerirá de mí este nuevo viaje vertical? Pies en la tierra sosteniendo la mirada de pájaro, compasión, escucha dulce y real, una capacidad sin antecedentes para ver más allá de.

¿Será esto el amor: que lo que escribo ahora lleve también los besos dados este verano?

 

18 de febrero de 2024.

Quisiera escribir lo verídico en mí en esta mañana de febrero, que no es la ilusión ni el espejismo, tampoco la caricia ni la docilidad del viento.

Quisiera escribir lo real, que es esta tristeza pequeña y dulce, casi recién nacida anunciando al mundo que aquí está, que existe.

Quisiera escribir que llega el otoño, ya llega, y que al mirar mi brazo el eco de tu nombre vuelve como un oleaje: suave se acerca a la orilla, trae criaturas marinas y momentos que van/irán conmigo siempre.

Quisiera escribir también la paz de regresar a las canciones de antes como se regresa a casa, este mirar al cielo y agradecer la frescura de esta mañana de febrero, esta soledad que puebla la escritura y esta escritura que puebla mi soledad (por momentánea que sea).

Quisiera escribir el movimiento de las hojas, apenas. El aire que viaja por la ciudad hasta dar con mi cuerpo, el resplandor lácteo detrás del edificio —que parece anunciar la lluvia—.

¿Lloverá? ¿Qué traerá el otoño esta vez? ¿Será este día una nueva oportunidad de ser yo misma, de escribir lo verídico, de recibir esta tristeza pequeña y dulce para abrazarla y transformarla en algo más?

 

 

14 de febrero de 2024.

Movimientos de aguas dulces como este verano. Entramos en modalidad de basílicas y puentes, en un camino de nubes que emergen como montañas heladas.

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Poder decir, poder decirte:
este debe ser el lugar, sí.

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La experiencia es otra esta vez. La escritura parece primero un código morse: voy tomando anotaciones sueltas que llegan en forma de lluvia. En un principio no tienen forma. Sólo cuando hilvano una con otra adquieren espesor, significado.

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Ráfagas de palabras del aire. Hay una tranquilidad de mar por la tarde. De repente, no hace falta estar en la costa atlántica para entregarme a la contemplación. Todo parece respirar. Es un silencio que importa mientras vos dormís, y de golpe la sensación de estar sola se aparta.

~

Me mantengo suspendida en espera de la palabra.

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No creo en San Valentín pero creo en la honestidad de tu mirada, creo en estas manos besadas que escriben tu nombre sin enunciarlo.

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Finalmente veo. Esta es mi manera de gestionar el renacimiento: la escritura.

 

Imagen: https://reco-photo.com/focus-and-picture

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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