15 de abril de 2024. El depto.

Observo mi realidad viva y escribo. Afuera llueve y vuelvo a Lisandro como una bocanada de aire.

La palabra del día es “oxigenar”. Quisiera abrir las ventanas de mi diario, de este presente. Solo un mes me separa de una nueva transformación. Aparece el vértigo de lo desconocido y recupero, inevitablemente, una parte de mí que creía perdida. Pequeño tesoro el de estar en los márgenes de un viaje, de la escritura, de una nueva versión de una misma.

Un plan fugaz y una forma de acercarme con dulzura a la palabra. El otoño es la invocación a las cosas que importan, como aquel invierno. En ese entonces no sabía qué deparaba el destino, pero ese viaje me cambió la vida. Durante años esa visión de mí fue mi amuleto, mi puerta de emergencia.

Oxigenar el movimiento, oxigenar las expectativas, oxigenar el diálogo mental. Escribir es mi forma de oxigenarlo todo, y mientras mis manos besadas se desplazan con destreza sobre el teclado, me consagro arquitecta de esta geometría de luz, esta claraboya dentro de mi memoria activa.

Quizás ahora no tenga sentido esto que escribo, pero sigo y consigo el ritmo, convencida de que en un futuro, al releerme, las piezas encontrarán un sentido, su lugar de pertenencia.

 

[ Relectura de junio de 2022 ]

La luna habla claro en la casa, y la luz señala las huellas de vida, los espacios correctos de lo que me rodea. Alumbra memorias fotográficas postales de viaje, las hace nacer en el cristal de la noche, y entonces siento que mi hogar está donde yo esté, donde estén los rituales que me salvan: una taza de café, la música subtitulando los momentos del día, perfumar cada mañana con salvia blanca, palo santo o bruma de verano (aunque mi brazo evoque el invierno). Abrir, con la palabra, el espacio de la intimidad. Invitarte a esta realidad de vapor de lluvia, de faros difuminados en la ventana, de esta canción que se repite como un mantra.

Que la palabra sea esa luz, ese fuego que nos mantiene cerca. Que la palabra me permita ver quepara cuidarme todo lo que necesito es renacer siempre.

 

Imagen: https://www.flickr.com

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.