29 de diciembre de 2019: Poder contemplar la voz.
[ Escribo, literalmente, desde el cielo ]

Volvió el azul. La voz de Lisandro rebosa los márgenes

Mientras la criatura del aire avanza sobre la tierra que me ha visto nacer, me dejo invadir por la música. Mi imaginación escribe viciosa, en tinta invisible, cómo comenzó la mañana: el tacto, el calor, la presencia irreparable

Qué osadía. Ser la inundación misma, el eco, la frontera y la extensión

No quiero guardarme. Quiero abrirme de nuevo como la fruta madura, las fresas salvajes, el invierno. Quiero abrirme sobre este breve espacio entre nosotros y correr como el agua; fina, ágil

Lo que sucederá es pura emanación. También la escritura

Vuelvo al azul. Las palabras llenan el amplio territorio de mí misma. Ya no me invade la música. Me transformo en ella.

 

1 de enero de 2020: Iridiscencias.

Empezamos el año sobre la calle Río Correntoso, con el mate humeante de la mañana y el sol leve, asomando entre las nubes. Apenas el canto de los pájaros.
No podría describir lo que comienza, pero sí señalarlo: “estamos literalmente al borde”, dijo él hablando de fronteras. Sí, sobre los márgenes.
El misterio se sostiene y entiendo que es ahí donde descansa la dulzura de la vida.
Podrán deshojarse los días, pero quedarán las ramas. Siempre quedan los árboles, aún en invierno.

 

4 de enero de 2020: Extensión.

1.
¿Alguna vez inventaste el cielo, intentaste el espacio abierto, la apertura?
¿Alguna vez buscaste a un otro en el territorio inasible de la escritura?

2.
Pero también tocamos piedras
dijimos “ahora”
rozamos el brillo

3.
Él me lee fragmentos de “Volar”, de Thoreau, en voz alta y señala palabras: cielo, ociosidad, silencio.
La página azul de la existencia se escribe momento a momento.
El tiempo es un vuelo migratorio constante.

4.
“La poesía del movimiento no consiste en preferir un lugar por encima de otro, sino en disfrutar de cada lugar mientras eso sea posible; y así, con la mayor elegancia, explorar nuevos lugares y regresar a los antiguos.”

5.
Quiero percibir la música fina de la intemperie, el alma de las piedras; el aire rebosando de posibilidades. Prestar atención real a los acontecimientos, hasta al más mínimo, para captar el sonido anexo, la cadencia inesperada de lo bello.

6.
“Me muevo para pedirle cosas nuevas a la existencia.”

7.
Anhelo la floración de la coincidencia.

___

[ Los retazos citados son del libro “Volar”, de Henry David Thoreau, que L. me empezó a leer ayer y que luego seguí leyendo sola. Es una belleza. ]

 

 

5 de enero de 2020: Aire estremecido.

Ascendimos un cerro de 1.200 metros. No hubo palabras. Solo deslumbramiento.

Lo importante: la búsqueda de lo suave, la armonía de la respiración, la tibieza del rocío sobre la cara.

 

8 de enero de 2020: La bruma.
[ Fragmento del diario ]

Todo lo que acontece se construye sobre terreno fértil. Aprehendo el instante: la niebla, la araucaria parcial por la ventana; la música de fondo, leve como la lluvia.

Escribir es una huella. Espero sentir (cuando relea esto) el perfume de la tierra húmeda, el verde especialmente bello de los árboles que rodean la posada, los rastros de vida en la mesa que sostiene el diario. Espero revivir la espera girsazulada de la noche, el goteo suave de las hojas en caída libre. (…) Quiero guardar este momento. Registrarlo como un señuelo de mí para mí misma. Plegarlo en un papel y ofrendárselo a mi yo-futuro de la ciudad.

Lo que la dulce donación destila: algo que brota.

Desconozco la anatomía de lo que será, pero anhelo que éste sea el centro.

 

13 de enero de 2020: Anotaciones sobre la espesura.

1.
Quiero dormir con el lago en los ojos. Con esta extrañeza que es más que la ciudad, que las ciudades. Quiero cavar un pozo en la tierra y guardar una palabra o dos para encontrarlas más tarde.

2.
Hubo un día: la altura de los árboles hizo que el viento sea una música.

3.
La búsqueda del misterio anula al misterio mismo. Dejarlo, entonces. Que la latencia haga lo propio. Intuición: su destilación podría estar en la palabra.

4.
Indagación de la luz. Anhelos fundidos al paisaje.

5.
No necesito entrar en el agua, me basta con acercarme a ella. Ser la orilla es mi signo.

6.
El deseo solo es posible en la distancia. El agua y yo estamos destinados a la seducción.

7.
Los hábitos tímidos de la escritura vuelven para saciarme.

8.
Investigación de las palabras que faltan
Coronar el día con la presencia absoluta
Desmalezar los cuerpos
Dejarme acariciar por lo incierto

9.
Mi deseo se manifiesta en mis ojos.

 

15 de enero de 2020: Lo inefable.

Las horas transcurren como seda entre las manos. Su miel extraña me recorre cada día, dejando el rastro invisible de lo deseado. Entonces la entrega es más que una palabra.
¿Cuántas palabras bastan para recrear un mundo? No hay suficiente escritura para lo que se vive. Pero aun así intento la mirada, el vuelo, el placer, la cadencia de los árboles. Aun así intento la llegada indescriptible del ocaso.

 

17 de enero de 2020: Confusión de la luz.

Nos sumergimos en nuestro bosque interpretativo, un paisaje de ternura poblado de gestos: un beso entre los ojos, mi índice adivinando sus facciones, los labios entreverados como capas tectónicas. ¿Cómo nombrar el temblor?
_

Los bellos delirios de la escritura me interceptan, figurando noches, vientos, rumores del otro lado de la ventana. Ella busca desde la mirada. Ella escribe sobre lo que puede, es decir, sobre ella misma.

 

18 de enero de 2020: Hallazgos.

Ascendimos a Chapelco. La vista desde esta altura es indescriptible. Soy más que un pájaro. Me transformo en el entorno entero: el viento dócil, el cielo abierto como una carta por escribirse.

_

Cabalgar fue el desafío. Antes de salir, nos hicimos amigos de un niño de unos 9 años, Nacho Gastón. Nos relató sus hazañas imaginarias con el entusiasmo digno de la infancia.
Me fue asignada una yegua preciosa, color castaño: Honrosa. Le canté nanas durante el recorrido para que mantuviera la calma mientras los tábanos nos hostigaban.
Cruzamos un territorio que, imagino, será muy distinto en invierno. Las lengas trazaron los márgenes del camino. Quedé alucinada con sus restos. Parecían grandes fósiles marinos.
Honrosa mantuvo un compás fluido durante todo el viaje. Juntas fuimos un espacio que avanza. Rocé su lomo para agradecer el esfuerzo y la paciencia, la dedicación.
Cuando llegamos al punto más alto tuvimos visión directa del Volcán Lanín. No pude hacer otra cosa más que entregarme al silencio.
Al volver al punto de salida, me despedí de Honrosa mirándola a los ojos, y a medida que nos alejábamos escuchamos a Nacho Gastón arrojándonos una pregunta final: “¿Se van a acordar de mi nombre todo el tiempo?” Decidí hacerlo parte del diario para no olvidar.
A pesar de que me sea difícil anclar mi escritura a mi memoria antigua, sí espero hacer el trayecto inverso: recolectar mis memorias a partir de la escritura. En el diario, la memoria es un todo que nace, que está naciendo. No es el ancla, es los mares.
Cada vez que me releo, acaricio la superficie del agua.

 

 

20 de enero de 2020: Aproximaciones.

El viaje imprime en mí una obsesión por los árboles. Me parece mentira haber pasado toda una vida sin saber sus nombres.

 

 

21 de enero de 2020: Viento sur.

1.
Quiero encender un fuego a partir de la escritura. Encontrar palabras tersas donde habitar mi deseo.
Nombrar es mi forma de participar en el mundo.

2.
Aún la escasa vegetación es capaz de señalar la dirección del viento. También la sombra.

3.
Quisiera aprender el idioma de los árboles.

 

22 de enero de 2020: Las voces del agua.

Jamás imaginé que el azul estaría tan cerca. Que sería la casa, la mano, la orilla. Siempre proyecté en el horizonte sus palabras claras.
Hubo que llenarse de sur para calar hondo; para entender la entrega esencial de quien mira mirando, de quien nombra al amor en donde escribe el azul.

 

23 de enero de 2020: Movimiento único.

Escribir en imágenes es mi vocación. Algunas veces mi vocación se hace tan grande en mí que me acoplo al paisaje y no hay borde posible: todo es infinitud.

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Ojalá pudieras ver este presente continuo a través de mis ojos. La distancia se extiende en tres matices: tierra, agua y aire. Mi tarea es encender el fuego, por eso escribo.

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Hablé tres idiomas en un mismo día: español, inglés y una variación de francés lo suficientemente efectiva para darme a entender. Indago en el lenguaje preguntándome si la escritura califica como idioma para comprenderme a mí misma.

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Observo la transición del paisaje como si mirara una película. Esto es lo que me trae el movimiento: la destreza, la transformación, la templanza.

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Quiero que mi diario sea una música. Llenar mis anotaciones de bandas sonoras. Como ahora, que suena Beck con Lonesome Tears, la canción que une este momento con el invierno en el que él y yo nos conocimos.

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La música, los idiomas, la escritura. Atravesar puentes es elemental en mi vida.
Movimiento, las cosas tienen
movimiento…

 

 

24 de enero de 2020: Pequeñas libertades.

Aprendo sobre la resistencia y la regulación a través del senderismo. Sobre la importancia del ritmo.
Indago en las variaciones del paisaje para llegar a la poesía. Si mis ojos hablaran, dirían el verdevida cubriéndo todo, la niebla espesa como una miel extraña, derramándose, el suelo arcilloso facilitando las huellas.
Lo que me rodea me sobrevivió, me sobrevive, me sobrevivirá.
Siento la temperatura de las piedras y la humedad de los árboles con las manos, las artífices de mi memoria.

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Filtro de luz.
El contraste es algo vivo. Avanza. Se mueve con nosotros.

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La inmensidad, la apertura: el Cerro Torre me abarca. De pronto, soy un gran silencio. Tiemblo en los brazos del viento. Azules turquesas, Lisandro tenía razón: no sabré explicar que amarte es esto.

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Nuestra fortaleza. Juntos construimos un lugar donde refugiarnos del frío.

 

 

26 de enero de 2020: Deslumbramientos.

Como dos animales tendidos. El lino azul tiñó el aire. Fue entonces cuando sucedió.
Aquella tarde en la calle Lago del Desierto no supimos en dónde empezaba y terminaba el otro. La libertad se hizo cuerpo.

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Anhelo de contar y ser contada a través del diario. Relato de las versiones de mí misma. Escribir es resistir contra el olvido.

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Subimos al Mirador de los Cóndores con la caída de la noche. Por un momento tuve miedo de la inmensidad, de la ausencia de horizonte, pero al mirar la aglomeración de estrellas se dispersaron las dudas.
Sin la negrura no existirían los destellos: deslumbramientos.

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Acaricio cada experiencia del día como a un perro de la calle: ejercicio cotidiano del amor.

 

 

26 de enero de 2020: Lo sutil.

Tres formas de horizontalidad. Paisajes acariciantes transcurren y transmutan frente a mis ojos. Observo cada escena al ras del asombro.

Pienso en la carta de amor para Argentina que empecé a escribir en el 2015. Una carta que más tarde se convirtió en un diario de flores y azul, un registro de revelaciones.

Atravieso la distancia que separa El Chaltén de El Calafate escuchando el Sur en la voz de Lisandro. Por cada kilómetro que va quedando atrás, hay un cambio sigiloso. El momento es tan efímero que podría pasar desapercibido.

El movimiento es el astro rey de mis transformaciones. En movimiento accedo a lo sutil, a ese espejo que son las distancias. Se iluminan las incógnitas de la que soy ahora y todo es diáfano.

Como es adentro es afuera, y viceversa.

 

29 de enero de 2020
Primer acercamiento: Todo el azul.

(…) La Patagonia va despidiéndose de mí y llenando los rincones de mi cuerpo para asegurarme que el olvido es un invento.

Hubo un deseo complacido: un balcón propio hacia lo azul. El Glaciar Perito Moreno se abrió para nosotros y fue hermoso. La inmensidad fue tal que se agotaron las palabras para describir lo que la mirada llegó a percibir. El sinfín, la continuidad inefable de lo diáfano.

El contraste entre el bosque y la costa dejó una huella inenarrable. Aun así, intento que la escritura sea ese puente para que la proximidad sea posible: capas y capas de belleza sucedieron ante la multitud de gente que admiraba la naturaleza. Todos cedieron a la contemplación y, aunque los intervalos de silencio fueron breves, el escenario trazó una estrategia para lograr que no fueran escasos.

L. y yo vimos 4 desprendimientos que desencadenaron lo inesperado: un rugido glaciar seguido del movimiento del agua, hasta llegar a los márgenes de la tierra. Fue el eco, de un eco, del eco del sentimiento. Adorable espejo del paisaje interior.

Jamás imaginé tanto deslumbramiento: el efecto de lluvia sobre el rostro, el frío deslizándose por las extremidades, la regulación de la respiración para avanzar sobre el glaciar mismo. Echamos raices sobre la superficie blanca, mientras ésta emitía destellos a causa del sol y la niebla se derramaba sobre las cumbres. Los intervalos de agua pura parecían labios verticales colmados de azul, umbrales hacia lo desconocido.

 

Segundo acercamiento: La mirada.

(…) Siempre preferí quedar fuera del marco; elegí mirar a ser mirada. Podría llamarlo pudor o introversión, pero es difícil señalar el centro, la causa.

Esta imagen del 2012 me acompañó durante muchísimo tiempo. Transcurrió durante mi primer viaje a París, visitando el Louvre junto a mamá.

Mi curiosidad me lleva a observar momentos como este, instantes que podrían pasar desapercibidos y que, por alguna extraña razón, procuro conservar conmigo. Quizás como un ejercicio activo de la memoria: al repasar las fotos estoy ahí de nuevo, transitando la ciudad, la intimidad, la vida y sus consecuencias.

Siguiendo el hilo que la une hasta ahora detecto elementos comunes en la mayoría de las escenas que percibo a través de la cámara: el contraste, la fugacidad, la vitalidad de las formas, luces y sombras.

Cada vez que lo aparecido y lo buscado se interceptan, las figuras se convierten en materia prima para contarme. La fotografía me permite explorar la rareza de ser una narradora silenciosa. Registrar un misterio sin develarlo del todo. Entrar dócil en las capas del presente para preservarlo como un petit trésor.

En esta tarde de descuento, a orillas de febrero —mientras te escribo— latitud y geografía parecen una gran mentira. Estoy en Calafate y en París, sin el anhelo hiriente de querer habitar dos lugares a la vez. Me siento en paz.

Soy el viento patagónico que acaricia las persianas pero también aquella tarde de lluvia en la ciudad azul, mirando a la gente mirar. ¿Y acaso no es eso la memoria: una ventana, un puente, un lugar para el encuentro?

 

Tercer acercamiento: La geografía.

(…) Solo algunas horas me separan del animal dormido, del centelleo furioso de las grandes avenidas.

No oscilo en la despedida esta vez, sino en la calma de lo vivido.

Y qué importante

encontrar momentos

emitir señales que puedan salvarme del olvido propio.

El cielo de hoy aún está por escribirse, pero los cielos anteriores han quedado grabados. Así la mañana.

Quisiera recordar el silbido sostenido del aire y la conmoción de los álamos. El viento y su fuerza contraria, dibujando mi contorno vital cuando intento atravesarlo, romper con la distancia.

Quisiera recordar que en esta tierra de glaciares corrí un velo.

La lectura ha nutrido mis viajes indefinidamente. Como aquella vez, cuando indagué el agua viva, lo desconocido, el rumor del querer ser. O aquellas otras en las que el aprendizaje y el corazón salvaje espejaron la marea.

Cartas, notas y diarios configuran la cartografía inédita de un deseo: unir mis ciudades, mis pueblos y osadías a partir de la escritura.

Clarice tenía razón: “lo grandioso de la vida es arrojarse. (…) Un lugar del mundo está esperando que yo lo habite.” Ha llegado el fin de gira. Espero que esta ventana siga alumbrándonos.

 

31 de enero de 2021: Fin de gira.
Un enorme pájaro me depositó en la ciudad.

No habito la despedida esta vez, sino la calma de lo vivido.

Quisiera recordar el silbido sostenido del aire y la conmoción de lo álamos.

 

 

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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