23 de abril de 2020.

Cedieron los cuerpos. Mi mano izquierda viajó al sur mientras tu anhelo dibujó mi orografía. Con la lengua volviste a crearme, y no fueron necesarios 7 días. Primero la lengua circulando libre y definiendo el relieve. De tus labios nacieron ascensos y valles. Tu aliento trajo el viento dócil, la dedicación suave de quien desea y deja desear.
El acto solitario del placer encontró espectador y testigo. Observando mis intentos, agazapado en la constancia de mi brazo, fuiste creciendo. Pude sentirte en mi muslo como una ola arremetiendo contra la costa. Entonces, fui otra: una geografía entera que late dentro de una ciudad vacía.
Hacia el final una corriente dulce me recorrió hasta manar por mi boca. Rendida, permanecí entre las sábanas, hipnotizada por las pequeñas islas de luz del blackout, aquel que nos separa del resto del mundo.
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sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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