I.
Reconozco que nunca me he entregado entera. Ha nacido el atisbo hace unos meses atrás, pero me he frenado: “demasiado cerca del filo, Sol, demasiado.” 
Soy mi propia enemiga.
He vuelto a dibujar una línea de tiza, la misma tiza con la que dibujaba las rayuelas en la vereda de mi abuela: aquí el cielo, aquí el tierra. Cuando era chica parecía todo más claro; la tiza creaba unión, no separación.
II.
Me he sometido a mi propio detector de mentiras y la he liado. Me digo: no tengo miedo; lo he olvidado todo, todo ha sido arrastrado por la lluvia de este miércoles nueve del nueve.
Estoy aprendiendo a quererme pero todavía no he encontrado la fórmula para evadir la mentira que me digo todos los días, la que todos los días me siento a recitarme: disfruto estar sola.
Ya ves, he confundido solitud con soledad. Me he equivocado.
Esto también es el filo. La fina línea que separa dos conceptos que parecen responder al mismo útero, y sin embargo, son distintos.
Pero mi debilidad por los filos me lleva a hacer equilibrio como alguna vez en el cordón de la vereda de mi abuela -la niñez, de nuevo-.
III.
Al menos reconozco la mentira y puedo señarla con el índice. Ahí viene, ¿la ves? viene de nuevo a buscarme para arrastrarme con ella: no tengo vértigo de amor. El amor es perro, el amor es duelo, el amor es cáncer, el amor es una forma de caída libre en el medio del océano; el amor es raro, amor; el amor es raro y no hay palabras que pueda utilizar para anidarlo. Se me va de las manos, por más que quiera contenerlo, el amor se me va de las manos.
Entonces, la mentira de nuevo: puedes controlarlo, pasa la página-pasa la página-pasa la página; punto final y pasa la página.
Pero el café de madrugada me ha dejado expuesta: quiero seguir escribiendo
No tengo nada que perder más que mi cuerpo 
Borro la linea de tiza
Me paro en el filo
Abro los brazos de oriente a occidente
y
Me lanzo al vacío…
Sin dolor no te haces feliz“.
Ésta es mi única verdad.
Imagen vía Teresa Freitas
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

2 Comments
  1. "Reconozco que nunca me he entregado entera".

    Y a partir de ahí, todas las verdades.
    Yo también lo reconozco. Hace mucho que lo reconozco y duele y el dolor se irradia en todas direcciones por todas las células del alma y del cuerpo cuando te das cuenta que estás con alguien a quien amás, pero que aún así, seguís sin darte entera.

    Y que pase el tiempo no (me) ayuda. Pareciera que me complicara más, cuando en realidad la única que complica las cosas soy yo misma (ni el tiempo, ni la otra persona, ni nada.. yo misma). A veces quisiera saber por qué lo hago y después me acuerdo: porque tengo miedo. Aunque no estoy segura miedo de qué.

    Mi alma y mi cabeza deben haber venido con un manual enorme pero lo perdí en algún momento entre el nacimiento y la primera infancia y desde entonces estoy intentando aprender qué hacer conmigo.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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