9 de septiembre de 2015, 2.50 am.
Julio,
Nos hemos encontrado. Nos hemos encontrado a casi una hora de mi nacimiento en otro año. No importa mi edad ni importa la tuya, no ahora. Ahora me importan las ciudades, esas de las que tú y yo hemos sabido enamorarnos. Hablas de Barcelona y de París y lo confirmo: existe un hilo que me ha unido a tus palabras, no me ata, me une. Tengo elección, quiero decir, la elección está de mi lado en esta noche de Buenos Aires y frío y casi primavera.
He leído tus poemas, por la tarde, entre el café y las ganas de escribir. Percibo tu sensibilidad y el humo de nostalgia que corona esta fantasía de prosa y amor y de prosa de amor entre nosotros.
Más tarde, después del mediodía, me regalaré un paseo por tu antiguo barrio y me sentaré en un bar que sigue los rastros de “Rayuela” a beber un café en nombre de los dos.
Te escribiré una carta, o dos, o ninguna. Te contaré de mi versión de París, de mis caminatas por Madrid, o de la frescura del océano anatómico en mi nuca recostada en el Park Güell, mientras el sol en los ojos y los fosfenos mariposarios como poesía del silencio.
Te escribiré sobre el état second que me ha enseñado a pronunciar la escritura, como se señala Venus en el cielo. Te contaré sobre Clarice y las saudades, o sobre las cartas de Henry y Anaïs, o quizás sobre las lágrimas que he derramado esta noche por no tener a mi padre y a mi madre conmigo, en este nueve del nueve en el que has venido a buscarme.
Te escribiré una carta de amor o de poesía o de prosa de amor o de ambas. Escribiré para salvarnos el crepúsculo. 
Escribiré para los dos.
S.

*
Escribir una carta de amor para un cuerpo ausente, para el verbo fantasma, para el hombre que pronuncia las ciudades al unísono conmigo.
Esta será la primera carta de una serie de cartas, o la primera y última, aún no lo sé, y en esta incertidumbre prefiero quedarme hasta que él venga a buscarme (de nuevo).
*
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Categorías

 

“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

Archivos