I.
Lo he decidido.
Escribiré en pretérito perfecto sin corrector de ortografía.
Escribiré para profanar un acento que no me pertenece.
Escribiré por necesidad de la sangre y el corazón, imperfecto-ultravenoso.


Lo he decidido.
No he de usar seudónimos.
Escribiré bajo mi nombre aunque mi nombre en ocasiones sea sinónimo de sombra.
Escribiré desde el antro de mi ser, desenterrando el lado oscuro de la luna con ímpetu animal.


Lo he decidido.
Develaré los secretos de mi almohada a través de la poesía.
Conjugaré los verbos como una forma de venganza hacia mi ciudad natal.
Me divorciaré de los pretextos, la prolijidad y las formalidades.


II.

He gestado un poemario digital.
Los viajes del viento,
Historias de amantes del amor,
Llévame contigo.


Renunciaré al último poema,
serán 79 invertidos unos con otros,
proclamando una nueva (o)posición,
como una convulsión de letras que reniegan de convencionalismos.


Escribiré cuando haga falta.
Escribiré para abandonar todo tipo de control.
Escribiré para exorcizar el corazón:
cada electrochoque ha de ser revolución.


III.

Pronto llegará el otoño.
Me esconderé y devendré al viento que acaricia.
Me volveré libro de páginas color hueso.
Decretaré mi propia ley:


como sea que sea,
en dónde sea que tenga que ser,
cuántas veces sea necesario.
Escribiré, y eso es lo que importa.


Lo he decidido…
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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