Esta noche, de todas las noches, me siento volver; me siento a esperar el impacto. Me duelen las muelas y devine a diabética, pero ya no me importa. Ya no me importa pensar demasiado, callar los tabúes, contar hasta tres. Ya no me importan las formas correctas, cuidar las palabras, las líneas perfectas. Ni siquiera me importa la importancia, y con eso ya es mucho decir.
Esta noche aparecen los puentes marcando los cruces. Será que los puentes me hablan de vos, y me duelen las muelas de tanta dulzura; dulzura que ardo empapar sobre todo lo que escribo, y eso también me habla un poco de vos.
Esta noche, la complejidad de los límites; los puntos de encuentro; los vértices de amor y de sexo, cruzando la estocada del invierno; las curvas del cuello; las diagonales de abrazo. Esta noche los surcos en puzzle; los caminos de huella que destilan verano; la dulzura que deviene a deseo. Será mi tendencia a desear demasiado, o que siempre me toca desear lo imposible.
Esta noche ni siquiera me importa lo imposible, pero me importa el deseo… y con eso ya es mucho decir.
La regla del imaginario táctil es que no hay reglas.
El Puente de los Inmortales
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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