MUDANZA, de Elizabeth Jennings

Pronto estará de nuevo la casa llena,
Se habrán llevado nuestras cajas,
Desnudos están los muros, dejamos
Apenas rectángulos donde los cuadros.
Se asienta el polvo y campa ahora
Por los lugares en que nos movíamos.

Y aunque nos alegra marcharnos
Queremos dejar un rastro tras nosotros,
Algo no tan poderoso como un fantasma
Pero que cierta parte de nosotros les recuerde
A los nuevos inquilinos a los que no conocemos
Que no se resigna la vieja casa

Ni al viento ni al polvo ni al espacio
Vacío donde estaban los muebles.
Queremos embellecer viejos estantes
Y asustar a los nuevos propietarios
Y olvidamos que se alegrarán,
Al encontrar en los estantes rastros
De nuestro propio pasado, ya que temen,
Como nosotros, un espacio sin inquilino
                                                                                          

*Traducción José Luis Justes Amador

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MUDANZA, de Mario Quintana
¿Quien dijo que me he mudado?
Uno apenas vive en la casa donde ha crecido

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MUDANZA, de Fabio Morábito

A fuerza de mudarme
he aprendido a no pegar
los muebles a los muros,
a no clavar muy hondo,
a atornillar sólo lo justo.
He aprendido a respetar las huellas
de los viejos inquilinos:
un clavo, una moldura,
una pequeña ménsula,
que dejo en su lugar
aunque me estorben.
Algunas manchas las heredo
sin limpiarlas,
entro en la nueva casa
tratando de entender,
es más,
viendo por dónde habré de irme.
Dejo que la mudanza
se disuelva como una fiebre,
como una costra que se cae,
no quiero hacer ruido.
Porque los inquilinos
nunca mueren.
Cuando nos vamos,
cuando dejamos otra vez
los muros como los tuvimos,
siempre queda algún clavo de ellos
en un rincón
o un estropicio
que no supimos resolver.

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Busco en esta casa nueva
lo que vino conmigo
sé que lo traje
ahora dudo si los vasos
los libros o las plantas
son ellos mismos o no saben como yo
dónde están
y como yo esperan
algo que los busque:
un nombre
un desconcierto
un olvido

Laura Escudero Tobler
https://www.instagram.com/laura.etobler/

 

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PISTAS PARA HALLAR LA CASA, Beatríz Viol

Lo importante no es la casa donde vivimos.
Sino dónde, en nosotros, vive la casa.

Mia Couto

Parece que para que haya casa
tiene que haber árbol,
raíces, tronco, olor a tierra.
Han de brotar las ramas,
desprenderse las hojas.
Ha de pasar el agua cerca.
Tiene que caer la lluvia, llevarse el polvo,
secar el aire las hojas.
Para que haya casa
ha de haber tiempo para ordenar
y espacio para el desorden.
Han de quedar siempre
pequeños rincones por explorar, por ejemplo,
aquellos lugares donde se guardan
las palabras que aún no supimos decir.
Para que haya casa
hemos de llevar muy adentro
las casas que fueron los que ahora viven lejos.
Casa es también el lugar
donde nos permitimos llorar y dejamos
a las lágrimas alcanzar la tierra.
Habitar cuerpo, árbol, tierra, madre.
Soltar lluvia, aire, lágrimas, río.
Construir sueños, monte, amor, versos.
Hallar la casa.

 

Imagen: Clark & Pougnaud

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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