11 de junio de 2018. Mediatarde.

Casi el invierno sobre La Casa. Cae la noche sobre La Casa. Blackmooning y otras oportunidades. La felicidad cachorra de haber escrito un relato breve sobre un día de otoño. Leer a Leila. Agradecer el fin de semana de introspección suave y silencio. Descubrir a Diego Frenkel: “En mi soledad me conecto mucho con pensamientos sobre zonas ominosas y oscuras del ser. Esa oscuridad elemental en el arte es nutrición.

La escritura se abre paso entre mis huesos, y la memoria, y el sesgo movedizo de mí. Flor de loto. La escritura, maravillosa música que me rescata del desasosiego y la ansiedad.

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El río siguió, y los días. El agua ya no es igual pero llegué a rozar la superficie con el tope de mis dedos. El río siguió y al comienzo no pude entenderlo. El cúmulo de horas y minutos sirven para entrar en mí misma en puntas de pie y hacerme bien. Elegir bien los finales. Poder abstraerme y observar mi propia sombra: mi reticencia, mi indecisión, mi reclusión, mi abandono, mi falaz autopreservación.

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Casi la compasión, cae la calma. Blackmooning y otras posibilidades. Las manos entre los muslos. Soñar la madre. Despertar con un mantra. Preparar café. Encender un sahumerio de sándalo. Escuchar la canción de la conciencia y la del tiempo y la de dejarse caer. Confundir una palabra por otra (o no, nada, para tanto). Inventar un título o un poema. Leer algo sobre el azul: es la oscuridad hecha visible.
Todo lo que me rodea, espeja y entrevera. Que la escritura sea lo que la escritura es: ese río entre los dedos. Lo que pasó ya no existe, pero yo permanezco, distinta.

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Medidas de acción ante la desesperación:
abrirme como fruta madura
hacerme el amor
entregarme a mí misma.

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sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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