«I wrote it because I had something to say to you.»
Maggie Nelson

Día 6.

Una fotografía: la vista desde el baño de mujeres del CCK.
Ayer, mientras la miraba, no pude evitar recordar la escena de “El lado oscuro del corazón” en la que Oliverio le dice a Ana, atravesando el aire: “quiero que me relates tu último optimismo, yo te ofrezco mi última confianza”. Todo ese fragmento es una belleza.

Después de la foto observé por un rato largo el río. Quería escuchar si tenía algo más para contarme. No puedo escribir lo que reveló, me da vértigo. Me da vértigo el horizonte. Es eso que me llama y a la vez hace que crepiten mis huesos. Le diría “no me quieras, no me quieras, por favor, no me quieras”, como Ana a Oliverio, cuando en realidad lo que querría decir es “quedate, quedate, por favor, quedate conmigo”. Pero ya lo sabés, las palabras claras siempre se quedan a mitad de camino, entre la garganta y la voz. Ahí también el mar.

Terminada la contemplación entré en la muestra de David Lynch: anotaciones al azar, su letra plasmada en servilletas, guiones y papeles salvajes. En medio de lo escrito hablaba del gris. Decidí que ese sería tu nombre si tuviera que escribir sobre vos. Ese gris oscuro y profundo que atrapa, como el de la fotografía.

*

Leo a Maggie. Agrega que escribir, por momentos, puede tener el mismo efecto que un álbum de fotografías de la infancia, en el que cada imagen reemplaza al recuerdo que pretendía conservar. Para mí la palabra escrita no asesina la memoria, la sostiene. Lo que completamos entre los espacios en blanco, entre palabra y palabra, eso sí es otra historia.

*

Haré mi mejor esfuerzo. Iré a la perfumería de siempre a comprar un labial del color de las peonias para llenar de silvestre la boca del que bese.

*

Tengo una llavecita pequeña aquí, en la mano del corazón. Pequeña como un capullo recién nacido, pequeña como un jilguero que canta los mares. Es la llave de la esperanza.

*

La Casa reposa hoy. Desciende la noche sobre los muebles, las suculentas y los espejos. Comienza a sonar IZAL entre la ferocidad, la templanza y la belleza: “Yo solo pido pausa y tú me das ojos de huracán / Yo solo pido calma y tú haces espuma el agua del mar”. No puedo evitarlo. No puedo evitarme.
No voy a pedir perdón por querer más allá de las probabilidades.

 

 

Esta entrada del diario pertenece al desafío “30 días de escritura” de Maitena Caimán.
Imagen: Marzo de 2018, CCK, Buenos Aires

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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