31 de enero de 2018. Miércoles. [Fragmento]
Anochecer.

Más que palabras: un océano de noche. ¿Decir La Casa es decir Hogar? No lo sé. Me siento sobre el margen a tararear una canción azul, secreta e inevitable. Algo así como decir: “mírame con la esperanza novel de quien se aferra a lo vivo” o “ámame con la inexperiencia digna de lo que acaba de nacer”. Y también “quiéreme, quiéreme, quiéreme con el último vestigio de los huesos de todos los poetas que han pisado la tierra”. Atáñeme a mi verdadera naturaleza para que sea libre y sedosa. Con tu índice en mi boca dibuja el serpenteo de lo que intento explicar y no se oye, pero se lee en mis ojos: el Hogar que se extiende más allá de la forma, el espejo que al moverse revela la continuidad del misterio, el placer de reconocer tus manos, aunque no estés aquí.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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