“El corazón del mundo cantará en mi corazón.”
I.
Le dije al refreno que espere, que quiero llorar, que estoy escribiendo la canción de los hombres como un trueno sobre el pecho. “El cuerpo de la mujer es un tesoro sagrado“, me dice una voz que desconozco. 
En ella encuentro la sabiduría que necesito por hoy, y con esto me basta. No necesito saber nada más que lo que el universo está dispuesto a mostrarme.
II.
Me han preguntado qué es lo que espero del año y no he sabido contestar. Me he dado cuenta de que la felicidad reside en esto, en esta pequeña y dulce-dulce incertidumbre. También en el abrazo de diciembre de Dante que me enseña, con su espíritu de niño, a vivir en el presente.
III.
Sari me escribe con una canción que habla de volver a los bosques. Esto ha sido después de hacer las paces con mi padre. 
En una loma la voz de mi padre me ha dicho: “Entiendo la decisión que has tomado“. Le he contestado con la libertad de las lágrimas al viento, entre mirlos y dientes de león. 
Mi decisión es sanar.
Las sábanas limpias y la gravedad estirando los brazos“, le escribo a mi hermana. La claridad es la llave.
IV.
Escribo: “El amor es la muerte de la jaula“. La libertad ha salido a jugar conmigo pero no me sé las reglas. “Intuición“, dice la voz que no conozco; y luego más fuerte: “INTUICIÓN“.
En diciembre Kali ha venido con una flor que se abre en la palma de la mano y un párpado que se abre entre los ojos, como una ventana. 
Abrirse a la intuición es aceptar tu oscuridad“, sigue diciendo la voz.
Pero ante la posibilidad de abrirme, viene el miedo, el miedo a aceptar mi naturaleza. Esto lo he aprendido sola, cuando la intuición del cáncer en mi madre, en mi padre, y luego en mi madre… de nuevo.
Liberar la intuición es escuchar el bosque azul que llevo dentro; la vida, las entrañas, la muerte; la línea entre la vida y la muerte.
V.
Hécate ha venido a tomarme la mano. Me habla en la piel de la serpiente, en la perra vagabunda, en el búho que se permite escuchar el lenguaje de la noche. Me habla en el idioma del fuego.
Me encuentro en la perra que observa la puerta que se abre, y observa, y observa; observa y se pregunta cómo será la libertad.
En lo que llevo de enero me han nacido las ganas de seguir las señales, de airear las sábanas, de escuchar mi intuición, que es lo mismo que decir: “Me han nacido las ganas de aceptarme como soy“. Y mientras escribo, la voz vuelve a vibrar desde el estómago para decir: “En la aceptación de la noche encontrarás a quienes corran contigo.
Doy mis primeros pasos en dirección a la puerta —apenas puedo ver el sol— lo suficiente para entender: 
ha comenzado un nuevo día.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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