9 de enero de 2016, 3 pm.
I.
Vuelvo.
Buenos Aires me ha recibido con el ardor del verano y una bofetada de cemento a primera vista; me ha quitado el aire y el espesor de los bosques, pero hay algo entre nosotros que no puedo negar: Buenos Aires es como ese amante que quiero dejar ir y a último momento detiene mi partida con un “quédate conmigo“.
II.
Some say love is a burning thing” dice una canción mientras la tarde, el viento y líneas blancas sobre gris.
Digo: Buenos Aires, nuestro amor es incendiario. Nuestro amor es incendiario en el medio del verano, cuando tus pulmones se deshinchan del smog y el barullo de hora pico. Nuestro amor es incendiario cuando recorro las calles de San Telmo y la bohemia se convierte en un elixir que no puedo resignar.
Buenos Aires, me haces sentir viva cuando me pierdo en el vaivén de las luces de tus autos, que no son más que intentos fugaces de alborotarme la sangre. Y es justo cuando un semáforo interrumpe mis corridas a través de una avenida, cuando quedo aprisionada entre el doble sentido de tus números y meses, que percibo el atisbo de conquista; entonces tu amor viene como un beso que se escurre entre los surcos de mis labios, un beso que sabe a tormenta y conmoción.
III.
Buenos Aires me lleva, me trae, me vuelve a atraer; me endulza, me envuelve, me susurra poesía, osadía, pasión. Buenos Aires me mira a los ojos y entona, entre graffittis y concreto, “Somos ahora“, que es lo mismo que decir: Tú y yo somos, en este momento, en este momento en el que has vuelto a mí.
Sí, he regresado, pero ya no soy la misma que hace meses atrás. La carta de amor para Argentina que escribo desde julio me ha cambiado, me ha transformado en canción. 
Miro a Buenos Aires desde la altura de su página celeste y le digo: La montaña me ha enseñado sobre el alma de las piedras, y los bosques y los ríos me han devuelto la raíz.
IV.
Ayer tuve un día feliz porque Sabina, Contigo y Más guapa que cualquiera; porque un abrazo sentido y un nudo que estoy empezando a desatar: Vivir en el presente sin dejar que el pasado se interponga.
Ayer tuve un día feliz porque el Puente de la Mujer en el momento propicio, y Flora y Yamila y un brindis por la transformación; un día feliz por la gracia de sentir hasta los huesos, por pintar mis labios de fucsia y sonrisa porque sí; porque me puse linda para mí y eso es lo que importa.
Ayer fue el día en el que desmitifiqué a Buenos Aires y entendí que, en realidad, el fuego va por dentro, es decir, convivo con el incendio adónde sea que voy.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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