22 de agosto de 2015, 3.30 pm.
La voluntad de los hechos sin correlatividad.
Silvestre. Mansa. Diáfana.
“¿Por qué a mí? y ¿Por qué no a mí?” – leíamos por la mañana con Noelia.
El barco lobo y la tempestad.
Me ofusco porque los adoquines intervienen con mi pulso, y por ende, la escritura.
Escribo el movimiento. De nuevo.
Ay Buenos Aires Capital. No te quiero a veces. No te quiero.
Como hoy, que elijo recluirme para volver a mis raíces. Allí estará Ella esperándome; o al menos su fantasma de cabello largo oscuro y su rostro de sonrisa-luciérnaga. Ella, palabra que coincide con el nombre de un recuerdo sobre mi escritorio. 
Ayer me asomé a oler el perfume de las teclas. El perfume a tinta me recuerda a su oficina -su de Ella– y una niña de 10 años que jugaba a escribir. Heredé una máquina con nombre de mujer y perfume de tinta. Una mujer que huele a tinta. Me gusta cómo suena.
En fin, como decía, no quiero a mi ciudad en ocasiones. Buenos Aires, Capital, hoy no te quise, como tampoco te quise el día del funeral de mi padre. Aquel día de noviembre entendí todo lo que aún me quedaba por decirle. 
Leo a Marina escribirle una carta a su padre y un nudo tiene ganas de formarse-me en el pecho. 
Deviene el recuerdo: le he escrito una carta a la muerte del silencio hace más de un año; una carta para perdonarlo y perdonarme. Luego de escribirla la he quemado. Esto no te lo he contado.
Voy a susurrarlo: existe un antes y un después de las cenizas
El humo sagrado”. El fuego parece habitar estos días sin nombre; en realidad, parece habitarme desde siempre. “Fuego y vida” – Anaïs, ¿alguna vez dejaré de citarte?. 
Tampoco te he contado que le hablo a los fantasmas. 
Reconozco que no conozco otra forma de ser. El camino del fuego me hace quererme un poco más. Pienso: no puedo estar tan equivocada mientras haya aprendizaje. 
Reconozco al menos estar aprendiendo a sacar belleza de este caos. Estoy aprendiendo a quererme un poco más.
Saudade, mamá:
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

2 Comments
  1. "Estoy aprendiendo a quererme un poco más".

    Después de esa frase ya no hay mucho más que decir.

    (Excepto quizás… si te deja un poco más tranquila, aunque no creo que necesites ningún tipo de reaseguro, todos tenemos al menos un fantasma con el que hablamos de vez en cuando, sobre todo en las noches más espesas…)

  2. Sos tan dulce Sofi. Y leo esto justo antes de pasar al blog la segunda carta a Cortázar, que más que un fantasma se convirtió en mi compañero en los últimos días… Suena descabellado, tal vez, pero hay algo de él que siempre me acompaña, siempre va conmigo, y me gusta sentirlo así 🙂

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