Hoy es un día en el que plenitud e intensidad van de la mano. Hoy reniego del conformismo. Hoy me siento cómoda en mi propia piel.
Necesitaba guardarme para mérito propio, y en el caos de mi propia introspección reencontré palabras escritas con tinta azul, gesté palabras nuevas; di luz a poemas incompletos, a versos inauditos (de esos que provocan bocas en O en generaciones anteriores).
Hoy es un día floral, de flores vibrantes, de sexualidad como tatuaje, de deseo, de fuego. Hoy es un día de flores carmesí que hacen metástasis hasta alcanzar los más feroces tonos de bordeaux. Hoy es un día de flores de invierno; un día de colmos.
Hoy soy libre, y el reloj no encuentra vela en el entierro de mi zona de confort. Los números intentan sentirse cómodos en mi pantalla (creo que hasta les crecieron los segundos), pero mis pestañas se niegan a obedecer sus cambios; mis pestañas ahora sólo ven cambios de colores reales que viven el momento, de sensualidades expuestas; sólo leen palabras-intemperie que se hacen escuchar al grito de “Soy como la música”.
Entonces, después de varios días vuelvo a armar una lista de canciones, y en su intensidad encuentro mi intensidad. Soy un collage de ritmos, de cinefilia y de paisajes. Soy un collage que de tanta prolijidad se vuelve desprolijo; un collage que busca tener sentido pero termina siendo totalmente amorfo en su raciocinio. Soy un collage que aspira a guardarse entre hojas de cuaderno para dibujar una sonrisa al encontrarlo al azar, pero a consciencia del tiempo que llevó armarlo.
… Y sigue incompleto, sigo incompleta. El día que termine mi collage no habrá aire en mis pulmones. Sigo recortando, sigo intentando ensamblarme; sigo superponiendo un recorte sobre otro, y otro; y así Barcelona y el comienzo del final, así Praga amor-y-odio, así las luces de París y las nubes de plomo en Venecia. Collage: Europa, Argentina, Europa de nuevo (en mi memoria, siempre).
Hoy es un día plenitud-intensidad en el medio de una semana comercial de la dulzura: recorto una boca viva y roja, 3 canciones de Lana del Rey, un poema subido de tono y sin terminar, y una foto blanco y negro, con la espontaneidad de un hombre que me hace vibrar de a ratos, en silencio, como si buscara el anonimato.
Hoy soy un collage de melodías… La melodía del deseo.

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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