Veo, Veo la ex-niña que jugaba al veo, veo con amores imposibles. Veo, Veo las crecidas de los ríos – sudestadas intensivas; veo…Y las sirenas de no-océanos; y las cumbres desde el aire. Y los ríos (de nuevo): Sena – Rin – Danubio; las rutas invisibles que me llevan hasta ella; las pistas de los discos que conducen a un abrazo paternal con sentido Coliseo.
Veo, veo corazones musculares con latidos descendentes; y el vertiente de pasión. Soy pasión que va volcándose en mi entorno con intentos de contagio. Expansión. Energía que corre por los surcos de la tierra; intenciones de vertir el optimismo en cada verso. 
Yo creo. Creo en las ganas de crecer, y creo las ganas de crecer. Soy creyente y creadora. Y yo veo: latitudes bajo el agua de Venecia (con el agua que me tapa los talones, como en otras ocasiones); y escucho magnitudes de San Marcos en volumen Love me do. Creo en ambas melodías (yo-creyente); y creo vías hasta Roma entre pizzas Margherita (yo-creadora).
Ahora veo, veo un espejo. Me miro las curvas y veo los viajes que me quedan por andar. Me miro los brazos y veo los puentes. Me miro los ojos: todo lo visto, todo lo oído, todo lo escrito (y veo, veo la fortuna de poder sentirme viva). 
Soy los ríos. Soy las fosas. Soy los mares… Soy París, Viena y Praga; Roma y Venecia; Madrid y Barcelona (y Barcelona, te extraño). Soy el polvo; remanente de hospitales y canciones Almendra. La vasija Inca de experiencias intensivas… Pero intensiva, esa palabra (y es que al yo-creyente le gusta Cortázar).
… Hace unos días: veo, veo una puerta, y por la hendija, la luz. De este lado la niña, del otro lado el viaje a las curvas de saberme mujer. Veo, veo intensidad, y apuesto a ella; me reconozco intensiva (de nuevo), como los ríos; crecida, como los ríos; y creo en mi potencia. Yo-creadora, sólo yo creo el arrastre que me lleva hasta destino. Yo-responsable de lo que siento, de lo que escribo; yo-responsable de lo que creo.
Entonces hoy: abrí la puerta de oro por primera vez. Belleza; las hojas del otoño, en patchwork, me abrigaron el recuerdo por debajo de la almohada largo plazo. El sol en mis pupilas, fresco, como mis pies Sur anclándose en la arena submarina de algún lugar de Capri; fresco, sí; mediterráneo, sí. De algún lugar, desde algún sitio: hija del cambio; espalda Sahara; luz Eiffélica. Un país sin nombre, varios. Sonrisa optimista de geografía absoluta; planisferio sentimental… 
Entonces hoy, ésta canción en mis oídos, fluyendo… como los ríos, como los duelos, como la vida.
Canciones para enamorarse VOL. I
Es un juego que jugamos muchas veces cuando éramos chiquitos. Y ahora queremos seguir jugándolo. Es una excusa para conocer lugares de la mano de otros viajeros, contarnos historias, viajar aunque no tengamos la oportunidad de hacerlo, conocer otros viajeros que andan dando vueltas por el mundo.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

1 Comment
  1. Me encantó tu veo veo! Aún nos queda mucho camino por delante, y varias cosas por descubrir!
    (Y yo también extraño tanto Barcelona, qué será lo que tiene esa ciudad?)

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