“Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.”
Julio Cortázar

Hace unas semanas estaba en Palermo, recién salía del trabajo y pensé que la mejor manera de cerrar la tarde era pasar por una librería para ver si algún título me atrapaba lo suficiente como para llevarlo conmigo a casa. De los libros me desvié a la sección de DVDs y flipeando cajitas encontré esta pequeña joya: “La Delicadeza“.
Protagonizada por la maravillosa Audrey Tautou, La Delicadeza retrata una tres historias de amor.

La primera historia es la del amor idílico, ese amor que nos envuelve para dejarnos caer, y súbitamente volver a levantarnos cuál acróbatas del circo sentimental. Ésta primera historia tiene sonrisas, complicidad, sutileza, miradas, caricias, escenas de romanticismo encantador… En fin, podría decirse que es perfecta, hasta que la tela se suelta, y caemos estrepitosamente junto con la protagonista al descubrir que François, el esposo de Nathalie (Tautou), sufre un accidente.

Al quedar sola, así tan inesperada y desesperadamente, Nathalie se ve forzada a convivir consigo misma, a reencontrarse. Lo cuál da curso a la segunda historia de amor: el amor a sí misma.
Vuelve a disfrutar, a apreciar su entorno, la gente que la rodea.
Es justo en este punto cuando Markus (François Damiens), el otro vértice de la tercera historia, logra conquistarla (y conquistarnos), con su torpeza adorable y su incomodidad, aunque crónica, simpática.
El nacimiento de una nueva relación no hace más que resucitar los recuerdos de François y subrayar su ausencia. Nathalie se cuestiona, avanza, retrocede, vuelve a avanzar.
Entonces toma pequeños fragmentos de recuerdos para fortalecerse y, como una viajera que no abandona su trayecto, decide seguir caminando.

El personaje de Audrey vuelve a abrir las puertas, deja entrar la luz, deja que la bañe en confort y satisfacción por dejarse fluir que, entre líneas, es dejarse ser. 
Decide volver a enamorarse, decide permitirse ser felíz de nuevo, abrazando y aceptando su pasado para seguir creciendo.
La Delicadeza nos enseña a no tener miedo de correr hacia el otro, sin importar cuántas veces tengamos que hacerlo, y siempre y cuando no nos olvidemos de llevar lo más importante: nuestro corazón.
Imágenes: tumblr.com
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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