Él dijo, Ella dijo, Nosotros NO dijimos.
La lección de hoy hace su introducción a partir de una de las canciones francesas más cálidamente contundentes de los últimos años:
¿Qué sucede cuando el amor se manifiesta en su forma más tímida, casi como si fuera un rumor? ¿Cuándo esas dos palabras no penden de un susurro, sino de un murmullo que nace en labios de terceros?
A veces por miedo, por respetar de sobremanera los límites de nuestra propia “zona de comfort”, por temor a quebrar una amistad, para no complicarnos, para cuidarnos de caer en ese abismo tan tentador… caemos en una declaración errada a una persona que se ve obligada a oficiar de intermediario involuntariamente.
Es así como en lugar de aclarar, facilitar o evitar confusiones, el camino a seguir se hace más sinuoso, plagándose de dudas e incertidumbre, lo cual nos lleva a otra incógnita (y probablemente aún más significativa): ¿qué pasaría si dejaramos de lado el análisis y dijéramos lo que realmente sentimos?
Ya saben lo que dicen: “El que no arriesga…”

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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