29 de marzo de 2022.
Todas mis ventanas.

1.
Mis noches consisten en la rigurosa tarea de mirar el cielo hasta perderme en él. Imaginar irme de vez en cuando a algún lugar en ese invento que son los aviones. Observar las luces de los autos y su trayectoria en las paredes del cuarto, transformarlas en fotogramas en mi mente.
En esas noches todo es un lienzo. Elementos con los que entrar en el territorio del sueño, materia de pensamiento.

2.
Cuando la música irrumpe en el ritual, escribo en el aire. Pienso en todo lo que no dije pero también en los vuelos que abordé. Estoy en el Sur y al instante, en el Parque del Retiro o París. Soy esa mano que dejó ir y el abrazo de todas las terminales del mundo.

3.
Las palabras acercan tu nombre a la costa. La escritura puede ser un paisaje, un punto de encuentro.

 

 

26 de marzo de 2022.
Amore Rosso.

Imagino el amor rojo en mi boca. Camino por la ciudad: soy una mujer sola pendulando en la música. El ritmo de las cosas arrasa. Corrientes generan un placer nuevo: viento, otoño, complicidades.

Tu oscuridad brilla hasta hacerse luz, y me alcanza. Espejo de la mañana. Manos que traen el mar.

Imagino el amor rojo en mi boca y todo cede: no hay fronteras entonces, solo movimiento. Solo ir, a pesar de la niebla del día. Alcanzar esa llave, ese umbral, para entrar en el desconocimiento de mí misma.

La lengua nacarada de la palabra escrita me deja lista para la apertura.

 

4 de abril de 2022.
Lo que queda.

Escribo sin dirección. La única certeza es la continuación de la música. Tiempo, lentitud acariciante. No quiero ir hacia el futuro, sino quedarme, permanecer, en el espacio breve que crean las manos.

*

Cuando me pediste que me mirara en el espejo no esperaba verme así, distraída del guión usual, lejos de lo que debería ser pero cerca de mi verdadera esencia.

Un resplandor de deseo vino sobre mí cuando tus ojos encontraron a los míos, desapareció la vergüenza de reconocer a la mujer reflejada. Entonces, guié tus manos a mis caderas y despejé el cuello para que escribieras algo nuevo, quizás mi propio desconocimiento.

*

Buscamos desaforadamente y la respuesta vino como un diluvio que no esperábamos. Mi cuerpo fue un territorio de revelaciones, abriéndose y desplegándose entero para tu divina exploración.

*

Extrañezas emergen en cada encuentro con la palabra. Un espacio nuevo en donde recordar la noche, la boca, el diluvio. Un territorio inédito en donde podría aparecer mucho más que el intento de nombrar: traer el resplandor al presente y perderme en él, aunque sea por unos segundos; volverme un cuerpo que pulsa en el centro del día; despertar hacia los libros y las plantas, y cuando nadie lo sepa, descubrirme siendo otra.

*

Casi toda una vida de ventanas interceptadas. Mi intuición siempre me condujo a la apertura, y solo ahora puedo verlo: ya no hay jaulas, solo puro espacio abierto. Página, cielo, declaración; la fe de algo nuevo. Sábanas ajenas me envuelven en el perfume de la transformación.

La luz cae de mis labios hasta alcanzar la palabra, hasta alcanzarte y generar un nuevo movimiento.

*

Mi reflejo es una ventana. Soy altamente receptiva a lo que verdaderamente deseo.

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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