12 de agosto de 2017.
Cruzaré los dedos en el sentido opuesto al que se cruzan las piernas: para abrirme al mundo. Será como un augurio de ríos y amapolas, de intersecciones entre el sonido y el silencio.
Cruzaré los dedos, y la poesía y la buenaventura pronunciarán el oleaje subterráneo en cada paso. Dejaré rastros de azul sobre todos los paisajes, pasajes y rutas que me depare el camino.
Diré: renacer siempre en la música de las mareas.
Cruzaré los dedos como se cruza el amor.

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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