Escribo: “Un día de enero por la tarde me he sentido libre”. También he sentido la libertad de las mujeres de mi árbol, dándome a probar de su poder con el elixir de la sangre que corre por mis venas.
Le he dicho a mi madre en los sueños: “La poesía es mi talismán, mamá. La poesía ha venido a salvarnos, a curarnos a todas”.
En un día de enero he trazado símbolos haciendo del oxígeno galaxias. He sentido la magia en la anciana azul que se ha acercado a decirme: “Acepta-tu-naturaleza”.
Luego, la dama de blanco me ha invitado a hacer música en el piano: “Tú eres canción”, dijo; y entonces creí sentir el fuego en las yemas de los dedos como un hechizo de amor. Ahora entiendo de dónde proviene esta pasión por la música.
Una tarde de enero fui liberando mis cadenas. Después de la música vino la audacia del viento en el rostro, el sonido del océano y un magnetismo tan inexorable que me hizo creerme sirena. En las profundidades del océano he visto nacer los bronquios de la mujer que se hace en el silencio, en la memoria del agua, en el secreto de los corales y las ostras, en la mansa esperanza de la supervivencia.
Esa misma noche me dije al espejo: 
“Sé consciente. La transformación ha comenzado”.
Le he dado las gracias a Kali y Hécate por el humo sagrado, el bosque azul, y la oscuridad que se hace una conmigo, con las mujeres que me habitan, con las mujeres que me han antecedido.
Esa misma noche extendí las palmas de mis manos en el aire y me lancé a bailar bajo la única influencia de la sangre; me dejé bailar repitiendo hacia adentro: “ME SIENTO CON VIDA”.
La mujer indómita hace de la libertad un poema a cuerpo abierto y baila, baila, baila hasta que se siente sanar. La mujer indómita se disuelve en el viento, en el fuego, en el azul, en la música… La música ha venido a salvarme, una-vez-más. 
En el movimiento encuentro la forma de sentirme mujer.
El impulso de la sangre rige el cuerpo. 
Como el papel que le gana a la piedra… Mi papel es la palabra.
Digo: “La furia y el concreto ya no pueden contenerme”.
Con esto nace un impulso hacia lo desconocido, y al decirlo 
se asoman las ganas de lanzarme a correr.
Libertad, mamá…
Nos vamos convirtiendo en L I B E RT A D.

Imagen vía pinterest.com
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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