Me he parado desnuda en frente del espejo.
Ésta será una comulgación no convencional
en la que sólo yo puedo ser causa y efecto.
Daré gracias por todo lo que me ha sido dado 
y lo que me ha sido prohibido;
abriré el pecho a la par de la boca 
y la vida se me disolverá en el paladar en ciclos de 365 días.
Derramaré todas las lágrimas que tengo, y cuando termine, algunas más.
Confesaré todos mis fantasmas,
y forjaré mi propia forma de rezar:
Gracias por los hospitales.
Gracias por el fuego.
Gracias por las cartas a través del continente.
Gracias por mis pies de cementerio y de Mar Mediterráneo.
Gracias por el grito necesario.
Gracias por las canciones al oído.
Gracias por la partitura que todavía no escribí.
Gracias por darme todo y arrebatármelo de un golpe.
Gracias por el vicio de apostar el alma entera.
Gracias por la muerte, y la paz de la muerte.
Gracias por no evitar la soledad.
Gracias por los hombres que me han dado la espalda.
Gracias por la combustión de las miradas.
Gracias por el tacto de verano en pleno invierno.
Gracias por el sexo.
Gracias por los besos.
Gracias por la escritura como orgasmo, 
como espasmo,
como el óxido y los huesos hechos trizas y cenizas 
de aquellos que ya no habitan más mi hogar.
Gracias por los abrazos rotos del pasado.
Gracias por enseñarme que es más sano perdonar.
Gracias por expulsarme de tu casa 
para hacerme abrir la boca.
Gracias por la luz.
Gracias por la danza.
Gracias por las sombras al final del corredor.
Gracias por los duelos nucleares.
Gracias por las radiaciones cardio-vasculares.
Gracias por la gracia del presente
y por hacerme ver de nuevo
que las lágrimas son tinta, 
que yo, lienzo…
y que llorar es sólo otra forma de escribir.
Hoy (me) miro al espejo y digo:
gracias por el fin que da a luz a otro comienzo.

Imagen: Pinterest

***

Este es el último capítulo de 12. 12 Mandamientos. 12 extracciones de sangre. 12 respiraciones boca a boca. 12 poemas, o no, 12 textos que buscarán su propia forma y la encontrarán en tus ojos:


8/12: Papá
9/12: Conmigo

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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