30 de julio.
Cuando tengo miedo, la costa y sus vapores me amparan. El aire y la luz buscándose mutuamente son mi esperanza.
Transparencias cercanas se apoderan del paisaje como una filmina que intenta grabar la memoria: es la palabra pidiendo un lugar para ser.
La calidez de estar conmigo y no abandonarme me protege de la ferocidad del invierno. Autoproclarmarme mía y solo mía, a pesar del polvo, el cansancio, la duda. De cara al viento, para que el rumor del día llegue al hueso.
De pronto, soy una mujer caminando en el espacio vibrante de los árboles. Persisto en cantar, como el pájaro azul lo haría, como lo harían las olas, o mi abuela (cuyo corazón indómito excedió su cavidad toráxica).

Así empieza: los espíritus de lluvia soplan mi nombre.

Sólo hace falta una gota.

Nace la primera letra.

La intemperie me habla.

 

4 de agosto.
Quiero fundirme en el paisaje, que es más que una imagen. Es la respiración profunda del presente.

Cada mañana encuentro el edén interior en el silencio, y me vuelvo artesana de la luz al abrir las persianas. Pequeños rituales para ser un cuerpo que existe.

Ese momento podría ser la abreviatura del día. Me permite fluir en la ondulación finísima de las horas, ser un pensamiento purificado.

Ahora, mientras observo mi propia imagen, pienso en la escritura como el trazo que dibujo sobre la realidad, que será siempre (también) mi forma de ser y estar en el mundo.

Al escribir, el instante me besa en el corazón de la boca y me transformo en la vibración —tan dulce y frágil— de todo lo que ya es, procurando un diálogo de amor con lo que me rodea.

 

12 de agosto.
Creo en la distancia entre la luz y mi cuerpo
Creo en la materia dulce de este mundo
en los gestos de acercamiento
y los milagros pequeños
Creo también
en la lluvia
en el azul
en el fuego encendido de la palabra
y en el silencio para vaciarme
Creo en el más raro y puro de los retornos:
la memoria
Creo en el pájaro rojo de Mary Oliver
y en los besos de buenas noches
Creo que estoy donde debería estar
que algún día voy a volver a verte
que todos los caminos van al mar
Creo en la poesía y el misterio,
por los siglos de los siglos,
amor

 

13 de agosto.

“Todo empieza en el poema”, decía, mientras besaba tu frente.

Poner algo en palabras puede ser una revelación de la verdadera vida sucediendo, conmovida, desnuda, dócil

como mis dedos tocándote

como una mañana vestida de amor.

Luego el atardecer: el café y una forma de mirar por la ventana, el golpe súbito del invierno sobre los árboles, conversaciones en voz baja con el mundo.

*

“Las ideas nacen dulces y envejecen feroces.” (Alejandro Crotto)

“Donde respiro, nace el aire.” (Laura Junowicz)

 

15 de agosto.

Amanezco. Sé que el mar, a lo lejos, prepara el escenario para las gaviotas.

En el mes de los vientos, el paisaje se llena de niebla. Es el invierno dejándose ver, el verdadero rostro de lo que vine a buscar: un lugar donde alojar el amor.

El día toma de mí la palabra y la transforma en la quietud hermosa de la permanencia. Observo el tejido vivo del día. El instante, como una extraña criatura a orillas del tiempo, revela una nueva belleza bajo la luz de agosto.

Un aire de descanso colma la casa mientras leo el libro de Terry Tempest Williams, Cuando las mujeres fueron pájaros:

En el pasado, mis palabras han nacido de flamas. Hoy mis palabras emergen del agua. La fuente de una mujer se rompe y entra en labor de parto. El nacimiento es inminente. La imaginación de una escritora se suelta y ella también empieza una labor.

Todo se siente nuevo. Un nuevo año. Una nueva década. Una nueva página en blanco.”

Soy la percepción de mi mundo.

Soy la bruma recuperada.

Soy una mujer en la Costa Atlántica

y escribo…

encandilada por un sentimiento que no sabría nombrar.

He sido tocada por la pregunta.

 

Imagen: Margaret Durow

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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