26 de junio.

Hace más de un año que no escribo poesía. El diario me ha tomado por completo. Me recuesto tiernamente en la horizontalidad de la escritura. Raíces en la tierra húmeda: me extiendo hacia los lados como despertando el cuerpo.

La poesía, en cambio, es el tallo que emerge sobre la superficie espesa. Un acontecimiento. En el poema dejo que el sol abra mis flores; hay un hallazgo: detalles mínimos al claro del día, síntesis milagrosa. En el poema, la savia vital de la palabra me recorre.

Estoy viva y soy ambas: el deseo subterráneo de latitud y el florecimiento íntimo de la palabra en el mundo.

En el invierno seguiré nutriéndome; las flores vibrando dentro.

Ya llegarán…

 

Imagen: Pascal Riben

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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