26 de mayo de 2021.
La escritura es un espejismo que me permite recorrer pasillos olvidados. Es un gesto de acercamiento hacia las cosas, una caricia de lo invisible hecho visible. Una prueba de vida.

 

5 de junio de 2021.

A veces las palabras son materia blanda de otro mundo, un modo de decir. Experiencia inédita de la belleza. Un modo de estar cerca del espíritu y acercarse a escuchar la luz.

A veces las palabras son una fuerza mayor: el amor por él, la pulsión abriéndose, el deseo.

Escribir es sentir que subterráneamente algo me alcanza y me toma entera. La irreverencia de sentir que solo soy fiel a mí misma.

 

6 de junio de 2021.
Hace días que no venía al mar. Regalarme espacios de libertad es un lento aprendizaje; la dulzura de fugarme hacia el deseo para materializarlo.

Mientras amanecíamos ante el paisaje y el sonido vital, hablamos de los microplaceres y la serenidad. Reflexionamos sobre la belleza súbita de lo simple, la alegría entera y cercana del tacto, la presencia, la naturaleza.

Le dije que esta temporada azul tendría siempre un lugar especial en mi memoria. Un desvío luminoso, espacio de revelaciones: ese momento en el que hicimos el poema con el cuerpo al animarnos a ir hacia lo desconocido, hacia la vida.

 

11 de junio de 2021.
Soplamos despacio el silencio de los días. No se cuestiona el silencio, se vive.

En el corazón del día hay una puerta: la bendición de la luz, la bendición de una bebida caliente para sentir la vida moviéndose dentro. La bendición de palabras dulces que emergen. ¿Qué decir? El amor, por ejemplo. Manzanas rojas. Tus ojos. El paisaje tintineando en el viento.

La bendición de ser una misma.

 

14 de junio de 2021.

Una casa llena de luz, como un libro abierto. Una forma de observar el movimiento íntimo de la vida. Por las ventanas, la ciudad nacida, delante de nosotros. Los trazos del paisaje, que también son los trazos de nuestra propia mirada.

Mirar con la presencia en las manos: una ofrenda.

La sensación milagrosa de sentir la suave corriente de renovación colmando la casa. Las cortinas al viento como una añoranza. Pisos frescos y despejados, lavanda para el alma.

Siempre anhelé una casa como un libro abierto, llena de posibilidad.

 

 

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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