Día 16.

Mentira: no hay algo recuperado. Hay algo nuevo, como los restos marinos multiformes que recojo en la orilla. Cada vez, algo distinto. La escritura viene a mí, aparecida, y va completando una imagen.

Sé que L. y yo miramos la misma luna, pero no inscribimos la misma escena en la memoria. Y sin embargo, esto que vivimos es una especie de memoria compartida, un cuadro vivo trazado a dos manos.

¿Cuánto durara en cada uno esta postal desaturada del día?

*

Quisiera construir un lenguaje nuevo en el que escribir se parezca a tocarte.

Quisiera hundirme en el cuerpo húmedo de la escritura. Traducir el tono, la textura del paisaje: serenidad, pureza, remanso.

*

Intento dilucidar el tamiz por el que pasan las palabras. Asumo que es similar a las conchas en la playa y que el proceso de búsqueda es idéntico: dar con algo extraño y hermoso, iridiscente. Un anclaje divino que aporte belleza a lo que es escrito.

*

Cuando se escribe, una tiene la efímera pero inequívoca percepción de que se está presenciando un milagro.

Por momentos anhelo que las palabras queden en mí como esos pequeños brillos que encienden la arena: fragmentos de criaturas, de lenguaje. Ojalá quedara cubierta por esa textura. Ojalá pudiera entregarle al sol de esta tarde todo lo que tengo: mi atención, mi mirada, este impulso luminoso de presencia.

 

Imagen de portada: Pinterest

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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