Día 2.

Vaivén. Marea. Desgaste. Cansancio. Inestabilidad. Desorientación. Duda. Letargo. Monotonía. Búsqueda. Ansia. Deseo.

Siento mi cuerpo volcarse, arrastrarse por la casa. Busco la luz por la mañana pero le huyo al frío. Las temperaturas llegan distintas a mi piel ahora, parecen caricias bravas y amenazantes. Por momentos el escalofrío repta por mis brazos y mis piernas sin aviso. Entonces me doy un tiempo para que pase. Me recuesto y dejo que la horizontalidad me ayude a atravesar la extrañeza. Cierro los ojos para ir hacia dentro.

Mi emocionalidad me sobrepasa alzando un gran muro entre los que me rodean y yo. Ayer por la noche, el enojo fue brea oscura saliendo de mi boca, alimentada por el cansancio y el miedo. La pérdida de sentidos me priva de mis formas más dulces de entrar en el mundo. El café ya no es café. El curry y el orégano aportan matices pero no tienen éxito a la hora de complacerme. Inclusive el aceite de eucalipto con toda su potencia no logra conmoverme con su frescura. El no-aroma es una daga que cala cada vez más hondo, dejando rastros que solo puedo enmendar con la escritura. Quisiera escribir cómo huele el café y con esto conjurar el milagro de volver a olerlo.

Y sin embargo, hay otra ausencia que resulta aún más arrebatadora: la ausencia de tacto. Dormir separados para resguardarnos. No poder besarnos. Estar lejos estando cerca. La privación de ese mundo al que accedo cuando él me roza o me abraza.

Quedará inventar nuevos lenguajes, otras formas de ternura. Palabras de amor, quizás. La música suave de los pequeños detalles que explicitan: “buen día vida, pensé en vos”, “te quiero”… y sobre todas las cosas esos gestos que dicen “tranquila, estoy acá para cuidarte”.

 

Imagen: savannahvanderniet.tumblr.com
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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