Día 1.

Ayer confirmé que soy Covid positivo. Desde entonces soy un caudal de emociones que vienen y van, como estos días junto al mar. El oleaje se ha convertido en una metáfora potente que va arrasando con las horas a su paso.

La culpa, la impotencia y la rigidez lo cubrieron todo con su manto opaco. Extrañé a mamá y desée estar en casa. No supe cuál es mi lugar seguro ahora. Vuelvo a ser aledaña, a transitar los márgenes entre un estado y el otro, entre las instancias que se suceden, a veces más rápido de lo que puedo asimilar. Otro ritmo se magnifica. La lentitud ahora es una necesidad, ya no es una opción. Intento la calma persistentemente desde la noticia.

Por la noche me entregué a la sintonización del espíritu de Paloma y lloré como si no hubiera mañana. Lloré a mamá y su ausencia física. Lloré la sensación de desprotección. Lloré el miedo a la muerte que aparecía cada vez que me costaba respirar. Pude vaciarme. En la sintonización fui puro espíritu. Aprendí la respiración alcalina y traté de serenarme, maternarme, resguardarme de mi propio temporal. Limpié mis aguas y fui dejando huellas de amor en cada célula. Quise acariciarme y lo hice con el tacto dócil de quien se aprecia muchísimo.

Cuando vino el silencio, dejé que todo se acomodara por su cuenta y observé el presente sin juicios, simplemente aceptando lo que sucede. La rendición fue clara: hay una resurrección sucediendo, algo desconocido hasta ahora. La serie de transmutaciones que viví hasta el momento no involucraron al cuerpo de manera tan evidente.

Algunas decisiones fueron tomadas. Por ejemplo: cuidarme. Por ejemplo: priorizar mi salud, mi descanso, la paz de la mente hacia el cuerpo y viceversa. Del aire a la tierra, sintiendo mis aguas, reeducándome para navegarlas con paciencia y compasión. Entendiendo que mi bienestar es una decisión activa que debo tomar cada día, en cada minuto, con cada pequeña acción.

Afuera el sol va deslizándose por las paredes del hotel, cruzando la vereda. No hay ni una nube en el cielo. Me esperan aún 6 días de aislamiento. Vuelvo a la escritura como quien busca un faro, un instante de conciliación entre las voces que me habitan y emergen repentinamente.

La enfermedad puede ser un regalo, un hecho extraordinario en nosotros.

Quiero murmurar el nombre de la que quiero ser.
Quiero vivir a disposición de mí misma
Quiero recibir la luz detrás del caos.

Siento que aprendo cuando escribo, como si estuviera escribiendo mi futuro y asignándole un tono a las cosas. Como si pudiera, al fin, encontrarme y hacerme saber que todo estará bien; que todo, palabra a palabra, irá recomponiendo el canto del pájaro.

 

Imagen: betulvargun
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

2 Comments
  1. Hola Solci! Hoy de casualidad entré a facebook, se me apareció tu día 13, leí y siguiendo tus instrucciones volví al blog (tanto tiempo sin pisar estas tierras!) para buscar el comienzo de todo. Qué hermosas son siempre tus palabras, y cómo resuenan en mí. Me da como una sensación de querer guardármelas adentro, copiarlas entre mis notas, compartirlas por todos lados… no sé.
    Espero que ya estés mejor, muchacha bella.
    Abrazo fuerte fuerte,
    So

    1. Siempre con palabras tan bellas. Gracias por esto preciosa. Para mí fue un bálsamo volver al blog y encontrarte por acá le da otro matiz más a esta vuelta.
      Abrazo azul, como siempre 🙂

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