Sábado 27 de marzo de 2021
El paisaje es en mí de manera periférica, hasta que escribo.

 

Martes 30 de marzo de 2021
Surge la necesidad de regresar al centro, al calor de la palabra que lo enciende todo su paso. Pequeños fuegos van trazando un camino, nunca recto. Mapeo mi cuerpo por las noches para explorar mis propias versiones del placer, para entrar en idilio conmigo misma.

Quiero reescribir mi nombre con sabor a mar. Quiero darme a luz. Traerme al mundo. Dejar de insistir en la tierra yerma, y brotar.

Volver a ser la que viaja, aún en la quietud; la que se entrega al movimiento interno como forma de libertad. Ser una criatura del viento y recién nacida, poco a poco, palabra a palabra, aprender a volar.

 

Jueves 1 de abril de 2021
Hoy no quiero ser poética.
Quiero, simplemente, dejarme caer en los brazos de la escritura, sin controlar
sin esperar
nada.
Sentir
el peso de mi cuerpo reposar
como un potus sobre la superficie tersa de las horas.
Extenderme lánguida y gloriosa a lo largo del vacío para llenarlo con algo.
Quizás la fisonomía de lo efímero,
tal vez, la osadía de nombrarme
bajo mis propios términos.
Hoy no quiero indagar, entreverar.
Quiero, tan solo, traducir
las imágenes que aparecen
al contemplar la ciudad, el otoño, tus ojos.
Sentir
que una palabra o un cuaderno podrán
siempre
acercarme a la vida.

 

Imagen: Natalia Drepina

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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