15/01/2021
Ese día las nubes pasaban lento, dibujando grandes círculos en el cielo.

Había, en el aire, una alegría de ser. Alegría de que esta vez la música fuera mucho más que un sonido en mis auriculares. Alegría de no estar perdiéndome nada.

Al mirar el mar apareció el anhelo de escribir como si tomara una fotografía, escribir como si estuviera emitiendo, en ese mismo momento, una carta a mi memoria.

Ese día no hubo opacidad, hastío ni pájaros en mano. Solo arena y amplitud, viento: la geografía extensa del verano.

 

17/01/2021
El clima se enciende y se apaga. La arena se eleva en una gran ondulación. Ambos arremeten contra el cuerpo mientras caminamos hacia el final de la escollera. Compruebo de qué estoy hecha.

La densidad del cielo emite señales que me alcanzan. A pesar de eso me entrego al mar, a su espuma huérfana sobre las manos, a la visión amplia de lo inasible.

Cada tanto el sol se deja ver y su reflejo hace nacer piedras preciosas sobre el agua.

Busco el punto panorámico de la escritura para hacer de esto una postal posible, una ventana, una forma de manifestar esta tarde que cae en azul diluido.

 

22/01/2021
Intento darle densidad a mi memoria, encontrar las piedras preciosas que decantan entre la fluidez del tiempo: noche de enero, caracoles rebosados, un balcón al mar.
Quizás así mi capacidad de recordar no sea tan efímera.

Quiero ver el rastro de los pájaros. Que la ciudad escrita sea la ciudad que resiste en mi memoria líquida. Decir: esto sucedió en el mundo que me rodea. Decir: situación de gorriones por la mañana, complicidad de árboles al viento, invitación al verano,
deseo transparente y auténtico.

Intento que el paisaje sea más que un espacio: ser habitante local en la ciudad fundada por la escritura.

Solo a la distancia puedo ver cuántas veces las ciudades me han dado de beber en la boca.

 

23/01/2021
Quisiera escribir un poema sobre el mar pero es inabarcable, como todo el azul rodeando siempre las manos, la mirada, la escritura.
Entonces filmo pequeños tesoros, instantes, los enlazo y les asigno su voz de pájaro.

 

24/01/2021
Imagino a las palabras como criaturas marinas que vienen a mí. La escritura, entonces, queda inundada de intentos:

El viento corre salvaje por los márgenes…

La permanencia es débil frente al mar…

El misterio en la lentitud de las cosas…

Mientras camino recuerdo el fragmento de Thoreau que leí por la mañana: “Quizá lo que más nos conmueve del invierno es una reminiscencia que nos llega desde el lejano verano.”

Lo que más me conmueve del verano es el invierno fugaz; el viento, la marea, el azul que recorre esta geografía suave de enero.

La permanencia es débil frente al mar. No hay huella posible, solo viento que corre salvaje por los márgenes. La escritura y el mar se parecen, emiten un misterio en la variación de las cosas.

 

26/01/2021
No hubo registro de la playa más allá de la sal en la piel. Hice del baño de mar un ritual de adoración, hacia el día y hacia el cuerpo.

Entro en la fisicalidad como si fuera un territorio desconocido. Observo su cara, su orografía. Acaricio mis piernas con la materia oleosa de la palabra. Estudio la coreografía íntima de mis manos sobre las superficies llanas y sinuosas de la escritura. Dibujo mapas, ciudades, que hagan posible el recuerdo. Y luego, lo entrego todo a la luz divina de la presencia.

 

28/01/2021
Continentes fugaces vienen a mí. Duran tan solo un segundo. Sostengo la inmovilidad, aunque me cueste, pensando en el libro que me espera en la ciudad de la furia: Elogio de la lentitud.

Vuelvo con la memoria impregnada de imágenes, destellos que me recuerdan que todo es pasajero. La luna completa el círculo y se encarga de señalar el resto.

Observo lo aprendido, agradezco y lo ofrendo a los márgenes. Mi cartografía, ahora, emite la voz de las mareas.

Adiós mar mío. Te llevo conmigo, irreversiblemente.

 

03/02/2021
Hubo un verano. Una ventana al mar. Un movimiento mínimo hacia las cosas para vencer al viento. Hubo, también, un umbral a lo deseado: azul, aire, apertura.

Es miércoles, febrero. El horizonte sigue colmando los días, como si algo irreversible hubiera pasado, como si una decisión hubiese sido tomada.

Aún en esta selva de cemento, el paisaje de mis ojos emite la voz de las mareas. Sobre el mar, el mar.

Todo se torna luz,
todo se torna luz,
todo se torna…

 

04/02/2021
[ Bloc de notas. Jueves, 1.13 am ]

Hace días que llueve en la ciudad. Con el regreso, la lluvia.

Imagino que es el mar llamándome, goteando de arriba hacia abajo hasta llegar a mí. Cae sobre mi cara y mi cuerpo como una bendición. Abro la boca para recibirlo, me dejo cubrir por su humedad y en un acto de placer pierdo la forma, las palabras.

Ofrendo todo a los márgenes de esa lluvia que es mar, y avanza.

 

09/02/2021
Hace días que el agua persiste. Cuando llega la lluvia, cierro los ojos y me proyecto en la costa. La imagen que aparece no es algo recordado, sino algo imaginado.

Estoy intentando sostener la melodía el mar dentro. Escribiendo poco pero escuchando cada tarde los azules turquesas.

“Mi palabra de este año es simplificar”, le dije a mi terapeuta esta mañana. Quisiera ir liviana. Aprender de las olas, que se repliegan para volver a la orilla. Quisiera construir mi hogar en esa alternancia: replegarme hacia el silencio para luego cantar como si nadie mirara. Acariciar la espuma, luego la calma, y así.

Ahora una escena: ruido de pájaros en el viento breve, colores de cielo profundo, una respiración, un cuerpo que late. Pura apertura.

Solo queda esperar.

Esperar un poco.

Esperar un poco más… lo que vendrá.

 

12/02/2021
Esta mañana. Esta grieta en la rutina por la que la ciudad filtra. Este portal a la grisura del cielo. El eco de los autos. La medialuna goteando sobre el círculo de espuma. Mi lectura de turno: “Ahora, escribo”.

Ahora escribo, o intento escribir, una escena que contiene el Buenos Aires de hoy y de ayer: ese aroma particular de las cafeterías porteñas, papá contemplando la ventana con la mirada perdida, los mozos anotando todo de memoria, las sillas thonet y los pisos de damero, la infancia abierta como un libro.

Escribo, o intento escribir, el recuerdo dentro de la escritura. Ese cuerpo de niña que registraba todo en su memoria fotográfica, como si supiera, a su corta edad, que todo termina alguna vez.

Escribo esta ciudad que se mueve conmigo adonde sea que voy, que irá conmigo adonde sea que vaya: café con leche y dos medialunas, una lectura, el halo de la escritura, un umbral hacia el azul, el aire derramando luz.

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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