Volver a volver

10 de octubre de 2018, Café Cortázar.
Amigo,
Quise decirte, contarte, que la semana anterior volví al vicio de los dioses. El néctar negro me pudo 3 veces al día. Antes, durante y después de cada café, me pregunté qué estarás haciendo. Si todavía pedís que cambien la soda por el agua sin gas. Si ya tenés una mesa asignada donde nombrar lo cotidiano.
Volví a esta costumbre de escribirte, como si fuera necesaria una excusa. Lo que alguna vez hizo que dejaramos de ser dos extraños sigue ahí. Ese refugio eficaz, la pertenencia a una ciudad inventada de palabras como cuerpos, recostadas, esperando amanecer en las manos, o en la boca (que no es menos).
Contarte también que extraño a mi mamá. Que ya pasaron 5 años. Que el sábado hubiera cumplido seis-ocho. Que de todos los giros de la parca, el nuestro fue el más agridulce. Que no te esperaba, pero te espero. Que me encantaría estar al lado tuyo ahora, releyéndote esta carta mientras el azul nos acerca el oleaje, la intermitencia de eso que se aleja para volver a volver.
Amigo mío, ¿cuánta agua habrá pasado?, ¿bajo qué puentes? ¿Qué es el tiempo sino este puñado de azares y encuentros?
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sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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