Día 20.
Proceso de recuperación de la niña. Ella bailaba sin que nada le importase.
Entender que la expresión libre del cuerpo siempre me devuelve a mí, como la escritura. Cuando la música empieza a sonar se abre un paréntesis en el tiempo en el que sólo existimos la música y yo.
Querer serme fiel. Querer ser honesta conmigo, con mi verdadero deseo. La Casa se restaura, también yo.
Lograr con el movimiento que lo lírico exceda el papel. Lograr con la música que la vida me atraviese. Consagrar primero la libertad en mí-misma.
*
Como el mar no fue, tuve que imaginarlo.
Más tarde llegarían la astrología y el reconocimiento de mi luna de agua. Marian escribiría la música de las mareas con tinta indeleble en mi brazo derecho. Visitaría la costa en invierno escuchando la señal de los tiempos. Pronunciaría la soledad como algo sagrado y benevolente, como un refugio anterior al cuerpo. Leería a Elvira y el poema de la casa, y a Julio enunciando el agua entre los dedos. Me haría el amor con las manos y no tendría miedo de escribirlo.
Esta entrada del diario pertenece al desafío “30 días de escritura” de Maitena Caimán.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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