Las noches espejadas encuentran refugio entre mis sábanas de nieve.
También las estrellas que hoy prefieren guardarse hasta mañana, o pasado, o la semana próxima.
También las sonrisas austeras con miedo a la macro-espontaneidad.
También el día enamorado de la tarde, con envidia a la merienda de tendencia cafeína.
También las alas con hélices, y los vértices de salas de hospital.
… Y los móviles auto que vienen y van, y van y vienen, y vienen de nuevo.
La corriente de mis venas-carreteras-de-ciudades-de-siluetas-transparentes.
… Y el sonido de las gotas en el toldo que caen y se clonan, y vuelven en millones.
La tempestad que se lleva de un soplido lo pasado y lo futuro para hundirme en el ahora.
… Y la luna menguante que duda del creciente, o los pespuntes de glitter, o el infinito azul profundo.
Todo reflejado en la corriente de los ríos de mis venas-carreteras.
Todo con carácter indeleble.
Todo en mis latitudes.
Todo en mis longitudes.
Todo en mi norte, mi sur, mis orientes y occidentes.
Todo.
Anoche tuve ganas de dormir 14 hs., igual la noche anterior, y la anterior. En mis texturas la tempestad recortó el presupuesto de pretéritos para liberarme (aunque entonces no sabía que era necesario). En mis texturas, temporada alta de noches Alaska.
Por momentos la inspiración fluye a través de las teclas; por momentos se vuelca en hojas aljibe; por momentos se aglutinan en notas mentales que carecen de sentido, y nacen y mueren alternando de hemisferios, configurando una partitura incongruente.
Entonces hoy, sesión de exorcismo 1 am. para sentirme más liviana. Hoy movimiento:
el movimiento de mis pensamientos, que alborotan la mesura de mis huellas de tecla
el movimiento de mis pies, que no cesan de escribir caminos nuevos
el movimiento de mis manos, cuando quiero darle forma a lo que siento
el movimiento de mis labios, cuando les otorgo mi poder de convicción
el movimiento de mis piernas buscando el éxtasis en pistas digitales
el movimiento de mis pestañas con letargo, hoy, ahora (tienen ganas de dormir)
mi movimiento.
Las noches; también.
Y las corrientes; y la tempestad.
Todo reflejado; todo con carácter indeleble.
Entonces hoy, mi movimiento.
El movimiento, siempre.
Rotación; el movimiento del sol.

sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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