“Vivir sus deseos, agotarlos en la vida, es el destino de toda existencia.”
Henry Miller 
Hace días la palabra deseo aterrizó en mis neuronas. Las fuentes informan que están todos a salvo, cuando, en realidad… aterrizaje forzoso; varios heridos.
Ayer me tomé un recreo de la conectividad en una especie de regresión/transgresión de mis nuevas formas. Ayer me tomé un recreo de la escritura de teclas y me silbé las palabras poesía con los labios. Sí, me las silbé. Enarbolé los versos para darle sombra a su resplandor de estruendo, que conmociona mis sentidos. Sí, su resplandor, su de él, como enseñaban en la escuela. ¿En la escuela? ¿Acaso eres una niña María Sol? – clama y reclama el hemisferio izquierdo.- Y me cuestiono: ¿Acaso lo soy? ¿Acaso es posible volver a ser niña después de tantos años de adulta? ¿Después de todas las camillas, y todos los remedios, y todos los abrazos partidos? – y suspiro – los abrazos partidos; los abrazos soplados por encima del viento, abrazos que volaron y aparcaron en el cielo. 
Y cuidador(a), ¡cuidado!, que la vida pasa, y mejor ponerla de tu lado, cuidador(a); 
mejor saldo acreedor, cuidador(a), que el tiempo se escurre, que el tiempo es arena. 
Cuidado cuidador(a), que no te trague, que no te engulla la nostalgia. 
Que el tiempo es hoy y es hora de dejar el nido, cuidador(a). 
Es hora de tatuarte la sonrisa luciérnaga y el coraje almizclado
y de marchar a las selvas de humo-incertidumbre: Amazonas de vida. 
Es hora de un viaje que empezó con semilla 20 días y (a)hora brota, 
y crece, y lo estás regando, y lo seguís regando, sin notarlo. 
Es el viaje de tu vida (el segundo de su especie, pero intenso en lo distinto). 
Y aparece la certeza de quedarse en Barcelona por más tiempo. 
Aparece el deseo de terminar el libro en la misma ciudad en la que todo comenzó.
Ayer me tomé un recreo, y una película en la tele: El padre de la Novia recordándome lo que ya no tendré. Y el tiempo pasó, y pasaron los años (3 y medio), y pasó agua bajo el puente; y también pasó La Seine; y el mar dulce de leche de una infancia mano a mano con mi abuela, cocinera de la vida (como decía mi poema de primaria) – una lágrima se escapa – la novia. El pasillo hasta el altar, blanco ángel el vestido; que la fiesta y los anillos, y el bouquet – otra lágrima se escapa -. Entonces, mi reflejo en la consciencia: ya no más novia impoluta y virginal, ya no más una sonrisa 24hs abierto. NO. Ya no soy cuento de hadas, cambié a poesía erótica. Soy la corola, el picaflor; la abeja y la miel; también soy el resplandor de estruendo (¿será por eso que él?). Soy relámpagos y truenos; labiales de violento carmesí y moños para el pelo; la risa de una niña que asoma en la tormenta del deseo… 
Pero, ¿y cuidador(a)? – clama y reclama el hemisferio izquierdo – Ya no más la Cuidador(a).
El tiempo me traspasa,
y lo agradezco.
Soy intensidad* lírica, 
clavel de sol,
un canto a la locura de vivir…
* intensidad, siempre.
sol

A los 10 años encontró refugio de la ciudad de la furia en una máquina de escribir. Más tarde conectaría con la escritura de viajes en un intento de traducir la mirada poética sobre el mundo que la rodea. Desde entonces, se ha alejado y ha vuelto a la poesía como quien vuelve a los brazos del amante: buscando calor.

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“Palabra por palabra y minuto a minuto; querer tocar”
—Robin Myers— ❧

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